Comer a través de las emociones

A raíz de mi ultimo articulo sobre la depresión me ha surgido la necesidad de hablar un poco de la dependencia que muchas veces tenemos de la comida.

No se si lo habréis leído, sino, os animo a ello «La depresión (el hundimiento de la persona)» pero en cualquier caso una de las cosas que suele darse tanto en estados depresivos como ansiosos es la «necesidad» de comer.

Diferentes estudios han demostrado que existen dos tipos de “hambres”

  1. Hambre física: surge ante la necesidad de nuestro organismo de adquirir alimentos para su nutrición.
  2. Hambre emocional: surge a nivel mental sin que necesitemos en esos momentos nutrición alguna.
HAMBRE FÍSICA HAMBRE EMOCIONAL
Comienza gradualmente Comienza repentinamente
Comes casi cualquier cosa que mitigue el hambre Comes solo alimentos específicos
Se puede posponer el alimento. Necesita satisfacción inmediata
Dejas de comer cuando estas lleno. Sigues comiendo aun estando lleno
No hay sentimientos de culpa Sentimientos de culpa

pero ¿por que se da este hambre emocional?

El ser humano tiende a querer controlar los diferentes aspectos de su vida; trabajo, amor, amigos, dinero…y en general solemos hacerlo, de una mejor o peor manera tenemos “controlada” nuestra vida.  Los seres humanos tendemos a la búsqueda constante de la felicidad y el placer sin darnos cuenta de que las situacines consideradas «negativas”, de que la emociones “incomodas» son parte también tanto de la vida como de nuestro propio aprendizaje y son, de hecho, tremendamente necesarias para valorar las positivas asi como para avanzar en la vida.

Si no somos capaces de tolerar la tristeza, frustración, miedo, rabia….si no somos capaces de aceptar todas las emociones como correctas, si perdemos el control ante estas emociones que nos incomodan buscaremos alguna forma de volver a equilibrarnos, de volver a buscar ese equilibrio y «tranquilidad» que teníamos. Y ¿que forma mas accesible, barata y cercana como la comida?. Probablemente a muchos de vosotros os haya sucedido que tras un momento de estrés o de tristeza os habéis cogido un buen bote de helado o un rico bollo y durante el momento en el que os lo habéis estado comiendo (atención a la idea de «en el momento») habéis experimentado quizás un pelin mas de tranquilidad o algo menos de pena…pero…y cuando se acaba la comida?…de veras habéis solucionado algo o solo habéis puesto un mini parche momentáneo que ademas puede incluso ser perjudicial a la larga.

El problema de comer emocionalmente (aparte de las cuestiones de salud) es que, en cuanto acaba el placer de comer, las emociones que lo desencadenan permanecen. Y a menudo te sientes peor por haberte comido la cantidad o el tipo de alimento que has ingerido. Por eso ayuda tanto conocer las diferencias entre el hambre física y el hambre puramente emocional.

Al escribir esto yo me he planteado la siguiente duda….que pongo a modo de inciso

¿Por qué nunca nos atiborramos de zanahoria, apio o lechuga?

los alimentos ricos en grasas, como las patatas fritas, pueden activar ciertas sustancias químicas corporales que crean una sensación de satisfacción y logro. Este rasgo casi adictivo puede hacer que volvamos a refugiarnos en esos alimentos cuando volvamos a sentirnos mal.

Además hay gran cantidad de “añadidos” que provocan también una alteración en nuestros transmisores provocando esa sensación de bienestar e inhibiendo a nuestros propios neurotransmisores (nitrito de sodio, diacetilo, cafeína….)

¿Y que pasa con las emociones clasificadas como positivas?

En este articulo me he centrado en la parte mas habitual de la comida emocional que se basa en la idea de «llenar» metafóricamente hablando ese vació o dolor que nos ha dejado un acontecimiento o emoción que se ha escapado a nuestro control y que buscamos controlar como sea.

La comida emocional referida a emociones positivas como la felicidad, el amor, la alegría se asocia sobretodo a patrones culturales adquiridos. En España es muy típico celebrar todo con copiosas comidas regadas de los mejores vinos. No crean malestar y simplemente hay que llevarlas con precaución si tenemos problemas médicos que nos impida disfrutar de determinadas cosas, de lo contrario…a disfrutar!

y lo mas importante…¿que solución tiene esto?

En terapia trabajo con mis pacientes para que aprendan a diferenciar ambos tipos de hambres y sobretodo trabajamos con nuestras emociones desde un clima de aceptación y respeto. Tanto de las emociones mismas como, desde luego, de nosotr@s mismos.

Trabajamos el conocimiento de nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestras imperfecciones. Exaltamos todas nuestras cosas positivas y aceptamos con gratitud las cosas negativas que todos tenemos y que, por supuesto podemos trabajar si lo deseamos.

Somos un conjunto de cosas, si no aceptamos a la mitad de nosotros, ¿Cómo ser felices?. La aceptación de un@ mismo es el paso primordial hacia el camino del BIENESTAR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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